Autismo y Desordenes Relacionados
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- Manejo de Comportamientos alterados en niños con autismo.
- Entrenamiento para el baño
- La disgrafia
- Dislexia
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Manejo de Comportamientos Alterados en Niños con Autismo
Los comportamientos pueden ser difíciles de modificar y pueden crear estrés y frustración para todos. Cuando se trata de modificar los comportamientos alterados, se espera un aumento en la intensidad y frecuencia de ocurrencia.
La clave para lograr cambiar efectivamente los comportamientos durante el tiempo, es comprender el funcionamiento del comportamiento alterado. Se debe reconocer que los comportamientos alterados no son causales, ellos tienen un propósito. La agresividad, puede ser utilizada como una medida para reducir el estrés, evadir una tarea no deseada o para ganar atención. Los comportamientos alterados son adaptables de manera que se convierten en una forma de comunicación, impacto en el ambiente y logran satisfacer necesidades. Mientras estos comportamientos logren satisfacer una necesidad serán utilizados.
Ciclo de escalamiento de los comportamientos alterados
Etapa inicial
Cuando parezca que el niño está agitado (habla solo, se aísla, respira profundamente, etc.) continúe con la actividad pero asegúrese de brindarle frecuentemente y continuamente refuerzos verbales y tangibles para poder recibir respuestas apropiadas. Dígale al niño lo bien que está haciendo la actividad y dele tiempo para que los refuerzos más fuertes coincidan con la disminución del agitación. Recuerde que debe haber un horario de refuerzos que asegure que los refuerzos más deseados deben ser dados cuando no hay signos de mal comportamiento. En la medida en que aumenta la duración del periodo de calma, usted deberá incrementar el valor del refuerzo.
Si se presenta una nueva agitación, entonces usted deberá ignorar el comportamiento, NO se ignora al NINO. Lo racional para permanecer con el niño durante la actividad es hacerle entender que los comportamientos alterados no lo habilitan para salirse de las tareas que tiene establecidas. Si usted ignora por completo al niño, lo más seguro es que éste comportamiento se intensificará y lo guiará a una pataleta y agitación mayor.
Segunda etapa
Si el niño se torna moderadamente alterado (dice “no” en voz alta, se pasea, habla fuerte para si mismo, llora, etc.), puede que sea necesario emplear procedimientos se cambios estimulantes. Es muy probable que algo presente en la situación esté causando la intensificación del estrés. Si logra identificarlo, entonces podrá cambiar la situación, cambiando la actividad o el lugar. Existen dos situaciones diferentes que pueden llevar a este nivel más intenso de comportamiento: una es que el niño esta siendo manipulador y espera convencerlo para que se rinda con éste nivel más alto de mal comportamiento.
Una situación diferente puede resultar cuando nos damos cuenta que de hecho la situación es demasiado exigente para el niño y por consiguiente, se debe hacer algún ajuste. Ejemplos de esto ocurren cuando hemos dejado que la tarea sea muy larga, no lo hemos ayudado adecuadamente, la tarea es muy difícil o no hemos dado suficientes refuerzos. La manera de resolver la situación es usando el re-direccionamiento. El tipo de respuesta que usted deberá re-direccionar es aquella que usted sepa que él puede hacer bien y que puede ser estimulada rápidamente en caso de que se rehúse a intentarla. Con frecuencia utilizamos instrucciones receptivas, imitación no verbal o simples tareas en las cuales se recobre la actitud de obediencia.
Se deben suministrar refuerzos verbales y tangibles cuando el niño esté calmado y proveer mínima atención cuando está alterado. Los ejemplos pueden ser comodidad física, voz suave, abrazos, canciones, etc. Se debe tener mucho cuidado con el tiempo en que se suministra los refuerzos; si sólo ha pasado un corto tiempo desde que el comportamiento alterado ha ocurrido (unos 30 segundos o menos) usted no podrá dar mucho de éste tipo de refuerzos, ya que estará parcialmente reforzando el comportamiento reciente no apropiado.
Tercera etapa
Cuando el niño ha llegado a un punto de agitación extrema (gritar, tirar objetos, golpear a otros, hacerse daño a sí mismo, etc.) es necesario tornarse firme y estructurado. Usted previamente ha trabajado en establecer un control de instrucciones éste puede ser un método efectivo de contrarrestar la conducta alterada. De instrucciones que sean lo más específicas posibles, enunciando claramente y en un tono firme que es lo que Sí necesita hacer en vez de los que No debe hacer. Se debe mencionar las afirmaciones sólo una o dos veces; o perderá su efectividad, credibilidad y la situación se volverá más caótica.
Cualquiera que sea la consecuencia, debe ser implementada por una persona que esté trabajando con el niño en el momento en que el comportamiento ocurre. El traspasar el control del niño a otra persona con más autoridad sólo socava el papel de la persona que se dio por vencida. En la medida en que el niño muestre la habilidad para controlarse a si mismo, se podrá recordarle que estará ganándose un refuerzo, ahora que está calmado y haciendo buen trabajo.
Etapa final
Una vez que la agitación ha pasado, escriba el suceso. Un registro del evento, sino que le ayudará a analizar el patrón de escalamiento y la efectividad de la intervención y por consiguiente, ayudará a identificar cualquier modificación que sea necesaria. La información que usted registre acerca de la frecuencia e intensidad del comportamiento le va a suministrar un medio más confiable de determinar si la intervención está funcionando o no.
El tiempo fuera (time out), es una intervención que debe hacer que el niño experimente que va a estar un tiempo fuera de cualquier refuerzo. Tenemos que estar pendientes cuando el niño se encuentra en tiempo fuera, el niño puede aprovechar éste tiempo para aumentar o reforzar sus comportamientos como auto-estimulaciones. En este caso el tiempo fuera reforzará o incrementará el comportamiento alterado. Existen 3 tipos de tiempo fuera:
1. Observacional: Se remueven todos los estímulos que tenga a su alcance y se suspende toda la actividad mientras se observa inmóvil y en silencio al niño hasta que deje de presentar la conducta inadecuada.
2. Exclusión: la persona se voltea otro lado para no tener contacto visual alguno con el niño, ignorándolo intencionalmente.
3. Aislamiento: Se aísla al niño de todo estímulo y distracciones, puede ser la esquina de una pared. Puede ser en cualquier área siempre y cuando no le cause miedo al niño.
Esta tercera forma de tiempo fuera es muy útil en casa y no es adversiva, además de ser aceptada socialmente, pues equivale a mandar al niño a pararse al rincón por portarse mal durante un tiempo determinado.
Evite usar esta técnica indiscriminadamente, pues puede correr el riesgo de perder su efectividad. Asegúrese que el niño sepa la razón por la cual se le está castigando. Debe tener previamente definido en qué casos se aplicará y deberá ajustarse estrictamente el procedimiento e incluso las palabras que utilice.
La técnica requiere de ciertas reglas que se deben respetar para que funcione:
La extinción es la eliminación completa o discontinuación del reforzador de una conducta inadecuada que anteriormente fue reforzada. Se debe ignorar total y consistentemente la conducta inadecuada, como si ni siquiera nos diéramos cuenta. Esta técnica se usa comúnmente cuando el niño intenta manipular con rabietas (el niño se pone a gritar o se tira al piso), incluso con auto agresión.
Es importante hacer aclarar que si se aplica esta técnica, habrá de tener estricta observación, pues de lo contrario, lejos de ayudar empeorará la situación. Cuando no se llega a tener consistencia, el niño aprende que llorando más fuerte o agrediéndose logrará la atención que está buscando. Una vez iniciada la extinción, se debe ser firme y aceptar que posiblemente el niño se lastime un poco a sí mismo.
En el proceso de extinción se pueden presentar una de las dos etapas de respuesta, que aparecen inmediatamente después de la aplicación de la técnica pero al final siempre tiende a disminuir: inmediatamente después de que se elimina el reforzador que mantiene la conducta inadecuada, ésta aumenta o disminuye drásticamente. Inmediatamente después de que se elimina el reforzador que mantiene la conducta inadecuada, ésta aumenta o disminuye sistemáticamente, poco a poco.
Recopilado por: Michelle Naredo da Silveira, 2007
Entrenamiento para el baño
Comenzar el entrenamiento para ir al baño, implica muchos cambios en la vida del niño. Es un proceso por el cual atraviesa todos los niños y los padres. Muchos padres piensan que este proceso será muy largo y difícil. Sin embargo, se pueden reducir las dificultades si los padres esperan hasta que sus niños estén listos para aprender, y si los entrenan de manera, consistente, lógica, y casual. Es esencial esperar hasta que el niño esté listo para el entrenamiento.
A continuación se mencionan ciertos factores que deben ser considerados antes de comenzar el entrenamiento:
Lo esencial es enseñarle a l niño a como sentarse cómodamente y correctamente en el inodoro. Debe colocar sus piernas en una posición abierta en “V” de tal forma que esté estable y aumente su comodidad. De ser un varón, después de que se haya entrenado apropiadamente para ir al baño, se les puede enseñar a orinar parado.
El entrenamiento por horario puede ser utilizado como un puente para lograr el objetivo final que es ir al baño de forma independiente. Una vez que su niño ha logrado satisfactoriamente el entrenamiento por horario, usted está listo para trabajar hacia la independencia.
A continuación se explicará como desarrollar un entrenamiento intensivo para ir al baño:
Es importante que el niño sea capaz de entender el lenguaje que se utiliza para entrenarlo a ir al baño. No importa lo que los padres le llamen a ir al baño ( ejemplo: pipi, popó, etc.). Lo importante es que los términos que usen sean consistentes. Por ejemplo, si los padres se refieren al orinar a "hacer pipi", deben usar esta frase todo el tiempo. Y todos en la casa deberían usar la misma expresión.
Algunas veces los niños avisan que van al baño. Por ejemplo, dejan de hacer lo que están haciendo o la cara se les pone roja, etc. Los padres deben ayudar a sus hijos a nombrar estas acciones, así el niño pronto asociará estas señales con la necesidad de orinar o ir al baño. Algún tiempo antes de que el entrenamiento comience (es bueno comenzar temprano), los padres deberían empezar a nombrar y señalar estos tipos de comportamiento.
¿Qué hacer cuando ocurre un accidente?
Accidentes son comunes y un aspecto normal del entrenamiento. El entrenamiento es un proceso de aprendizaje, y tomará algún tiempo para que los accidentes dejen de suceder. En lugar de regañar o castigar cuando suceden accidentes, los padres deberían ofrecer aliento, por ejemplo, pueden decir algo como, "Está bien, los accidentes nos suceden a todos". La limpieza de accidentes debería ocurrir sin mucho escándalo y el incidente no debería comentarse más. Cuando un accidente comienza a ocurrir, resista la tentación de correr a llevarlo al baño, se lo contrario se volverá dependiente. El niño deberá limpiarse las partes de su cuerpo y el área donde ocurrió el accidente. Se deberá repasar el uso del inodoro, aproximadamente unas 5 veces.
Es importante que durante el proceso de entrenamiento, los padres no critiquen o castiguen a sus hijos si suceden accidentes. Estos accidentes deberían tratarse de manera casual, y la resistencia a cooperar con cualquier aspecto del entrenamiento debería de tratarse de la misma manera.
Se debe elogiar de manera constante al niño, cada vez que el pañal esté seco, cada vez que el niño trata de ir al baño por sí mismo y cuando se limpia después de hacer del baño. Sin embargo, se debe tener cuidado de no elogiar demasiado, porque no es bueno hacer mucho escándalo durante el proceso. Recordemos que una de las cosas más importantes durante este proceso, es mantener una actitud positiva, calmada y alentadora.
Recuerde
Una vez usted comience con el entrenamiento por horario, no le ponga a su niño pañales de día. Solo está permitido utilizar pañales únicamente durante la noche y durante la siesta. Inclusive cuando usted salga de su casa, no le ponga pañales, de lo contrario usted creará confusión e inconsistencia, la cual dañará todo el proceso. Se entiende que es un inconveniente tener que cambiar ropa mojada, pero con frecuencia esto significa la diferencia entre el éxito del entrenamiento o el fracaso del mismo.
Recopilado por: Michelle Naredo da Silveira, 2007
Hoja de Entrenamiento para el baño
Hora en que se llevó al baño |
Orinó |
Evacuó |
No hizo nada |
Firma |
Comentarios |
9:00 am |
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9:30 am |
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9:00 pm |
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Recopilado por: Michelle Naredo da Silveira, 2007
La Disgrafia
El problema de la escritura...
Junto a la capacidad de hablar, escuchar y leer, los seres humanos han desarrollado otra modalidad de comunicación y aprendizaje: la escritura. Esta forma de manifestación del lenguaje, específicamente humana, se caracteriza principalmente por la utilización de un conjunto de símbolos convencionales – pues varían de una comunidad lingüística a otra – llamados grafemas.
Los grafemas están en estrecha relación con los fonemas y los sonidos. En el fondo, fonemas, sonidos y grafemas son tres manifestaciones de una única realidad que es el lenguaje en su estado esencial. Los fonemas son la esencia del lenguaje, pero como viven solo en la mente, necesitan de grafemas – su traducción visual – y sonidos – su manifestación auditiva – para transformarse en elementos verdaderamente comunicativos.
Dado que la escritura entraña un complejísimo proceso de codificación y de decodificación, aprender a escribir fue posible, en los albores de la humanidad, gracias a un avanzado desarrollo de las estructuras cerebrales. Para cualquier niño que se inicia en “la aventura del lápiz y el papel” supone un esfuerzo intelectual considerable, proporcionalmente mayor que muchos aprendizajes posteriores.
En el contexto educativo, la escritura manuscrita constituye para el niño un instrumento formidable que le permite adquirir, retener y recuperar el lenguaje escrito; precisar, clarificar y perfeccionar el pensamiento propio; registrar las ideas y planteamientos de los demás; y mantener desde el punto de vista afectivo y social, una comunicación personal. Una vez aprendida esta facultad, es requerida continuamente en la vida escolar para tomar notas o apuntes, escribir instrucciones, ejecutar pruebas de evaluación, redacciones, etc.
Desde que el niño comienza a realizar los primeros trazos intencionados hasta que consigue un control óculo-manual, hay un largo proceso. Gessel aprecia en la evolución del grafismo las siguientes etapas:
15 meses: El niño trata de imitar un trazo escrito, frotando o golpeando el lápiz contra el papel.
24 meses: Realiza pequeñas marcas con lápices en el papel.
30 meses: El niño experimenta con líneas verticales y horizontales, con puntos y con movimientos circulares.
3 años: Puede copiar un círculo. En la pintura, sus trazos son rítmicos y variados. Puede “leer” las ilustraciones de un libro.
3 años y medio: Quizás muestre un ligero temblor en la coordinación motriz delicada. Algunos reconocen “p” de papá, la “m” de mamá o la “J “de Juanito.
4 años: Dibuja objetos con algún detalle. Puede copiar un cuadrado. Le agrada escribir su nombre con caracteres de imprenta en sus dibujos y comienza a copiar. Cuando pinta, trabaja con precisión durante algún tiempo. Sus croquis y sus letras son aún toscos.
5 años: Dibuja el contorno de algún objeto. Le agrada copiar formas sencillas. Puede entretenerse haciendo letras dibujadas con pinceles sobre grandes superficies.
5 años y medio: Muchos muestran interés por aprender a escribir su nombre con caracteres de imprenta y por subrayar mayúsculas y palabras en algún libro familiar.
6 años: Sabe escribir letras mayúsculas de imprenta, por lo general, invertidas.
7 años: Pueden escribir varias oraciones con caracteres de imprenta y tienden a ir disminuyendo gradualmente de tamaño hacia el final de la línea.
En la evolución del grafismo, se observa un lento dominio de la coordinación viso-motora, proporcionándole esto el paso de una etapa lúdica a otra de intencionalidad controlada, porque, como se ha visto, desde muy corta edad, el niño es capaz de copiar algunos grafemas, pero está aún muy lejos de conseguir, antes de los 4 años, una buena organización de su motricidad. Y esto se debe, según Liliana Lurcat, a que hasta ese momento no es capaz de diferenciar entre dibujo y escritura.
Así a partir de los 4 años aparecen los primeros grafemas reconocibles, pero dependerá del modelo utilizado. Lo que realiza el niño es una descomposición visual de los elementos más simples.
La gama de dificultades que el niño puede encontrar en la imitación, irá desde pequeñas diferencias en la reproducción a direcciones inadecuadas o grafemas irreconocibles. La permanencia de estos hábitos, si no se realiza una corrección inmediata, favorecerá las dificultades en la escritura pudiéndose generar la aparición de alguna Disgrafía.
El concepto de disgrafía se mueve dentro de dos contextos:
a. Contexto neurológico: En este caso la causa de la disgrafía se debe a un déficit neurológico. En este apartado se incluyen las agrafias, que son una manifestación de las afasias e implican anomalías severas del grafismo.
b. Contexto funcional: Trastorno de la escritura que surge en los niños, y que no responde a lesiones cerebrales o a problemas sensoriales, sino a trastornos funcionales.
La disgrafía es un trastorno de tipo funcional que afecta a la calidad de la escritura del niño, en el trazado o la grafía, en su escritura confunde, omite, une y/o invierte sílabas o letras de forma incorrecta.
Se considera como disgráfico al alumno que comete dos o más tipos de errores, al que tiene las aptitudes mentales y sensoriales normales y ha sido escolarizado. El diagnóstico lo debe realizar un profesional de la psicopedagogía y con la complementación de evaluaciones psicológicas y neurológicas que descarten una dificultad de la escritura por causas neurológicas y/o emocionales.
Para establecer un diagnóstico de la disgrafía el especialista debe tener en cuenta una serie de condiciones:
- Capacidad intelectual en los límites de normales o por encima de la media.
- Ausencia de daño sensorial grave, como los traumatismos motóricos, que pueden condicionar la calidad de la escritura.
- Adecuada estimulación cultural y pedagógica.
- Ausencia de trastornos neurológicos graves, como lesiones cerebrales, con o sin componente motor, ya que podría impedir una normal ejecución motriz.
- El factor edad, también es importante. Algunos autores como Auzías (1981) tiene la idea de que la alteración de la escritura no comienza a tener cuerpo hasta después del periodo de aprendizaje, que sería más allá de los 7 años. Por eso no se podría efectuar un diagnostico hasta esa edad.
Cabe concluir entonces, que la detección, diagnóstico y tratamiento de la disgrafía, responde a una intervención especializada, con adecuados instrumentos de evaluación, que permitan establecer un cuadro clínico claro y preciso. La detección parte por la observación de padres, apoderados y docentes, los cuales deben estar atentos a la evolución del grafismo del alumno y poder diferenciar entre un proceso de aprendizaje de la escritura dentro de la normalidad o con la presencia de algunas alteraciones. Ante estas alertas, es necesario acudir al especialista, solicitar la derivación correspondiente y establecer un diagnóstico adecuado que proporcione las orientaciones necesarias para la intervención y tratamiento. La mala letra no es un problema significativo en los primeros años, sin embargo, es de suma importancia procurar una adecuada calidad de la letra y su evolución a lo largo de la escolaridad.
Por Gabriela Ulloa Figueroa, psicopedagoga, licenciada en educación
Dislexia
Según M. Thomson la dislexia es "una grave dificultad con la forma escrita del lenguaje, que es independiente de cualquier causa intelectual, cultural y emocional. Se caracteriza porque las adquisiciones del individuo en el ámbito de la lectura, la escritura y el deletreo, están muy por debajo del nivel esperado en función de su inteligencia y de su edad cronológica. Es un problema de índole cognitivo, que afecta a aquellas habilidades lingüísticas asociadas con la modalidad escrita, particularmente el paso de la codificación visual a la verbal, la memoria a corto plazo, la percepción de orden y la secuenciación".
El disléxico presenta dificultades específicas para identificar, comprender y reproducir los símbolos escritos. Su organización deficiente del espacio se manifiesta particularmente por la dificultad de situar las diversas partes de su cuerpo en la debida relación unas con otras. Las nociones de alto y bajo, delante y detrás, y sobre todo, derecha e izquierda pueden ser confusas.
Generalmente se habla de dos tipos de dislexia: dislexia evolutiva, que englobaría a aquellos sujetos que experimentan dificultades en la adquisición inicial de la lectura; y dislexia adquirida, que caracteriza a las personas que, aunque en un principio eran lectores competentes, han perdido esta habilidad como consecuencia de una lesión cerebral.
La dislexia puede ir unida a otros problemas de aprendizaje escolar, como la disgrafía (dificultades en el trazado correcto de las letras, en el tamaño de estas, en la presión de la escritura...), la disortografía (dificultades en el uso correcto de las reglas de ortografía), dificultades de pronunciación, etc.
Los niños disléxicos suelen presentar una serie de características personales derivadas de su problema de aprendizaje:
-Falta de atención. Se debe principalmente al gran esfuerzo intelectual que deben realizar para superar sus dificultades, lo cual les lleva a fatigarse fácilmente, derivando esto lógicamente en una atención inestable y poco continuada.
-Desinterés por el estudio. El desconocimiento del problema por parte de profesores y padres les llevan a calificar al niño disléxico como un niño "vago" o con cierto retraso evolutivo, lo cual repercute negativamente en la personalidad del niño, que puede llegar a desarrollar conductas disruptivas o caer en una depresión.
-Inadaptación personal.
En diversos estudios se clasifican estos problemas en tres niveles, según la edad del sujeto: de 4 a 6 años, de 6 a 9 años y mayores de 9 años.
Entre los 4 y 6 años, se puede detectar una predisposición hacia la dislexia, ya que aún no se han adquirido propiamente la lectura y la escritura. Debido a esto, los problemas se producen con más frecuencia en el lenguaje: dislalias, omisiones de fonemas, confusiones de fonemas, inversiones, pobreza de vocabulario y de expresión.
Otras alteraciones que se producen a esta edad pueden ser: torpeza motriz, movimientos gráficos invertidos, escritura en espejo (al final de este período), dificultades en el reconocimiento del esquema corporal, dificultad en ejercicios sensorioperceptivos...
Entre los 6 y 9 años es más fácil detectar el problema, ya que comienzan los aprendizajes de lectura, escritura y cálculo. En esta fase aumentan las inversiones y confusiones de fonemas, se produce dificultad para aprender palabras nuevas y expresión verbal pobre.
En cuanto a la lectura se producen: confusiones en letras que presentan cierta similitud morfológica o fonética; omisiones o adiciones de letras; inversiones, reiteraciones y omisiones de sílabas; omisiones y reiteraciones de palabras y sustituciones de una sílaba por otra.
Por otra parte, en la escritura se producen inversiones de letras en espejo; inversión de los giros; lentitud; confusiones de letras parecidas tanto por su grafía como por su sonido; omisiones de letras, sílabas o palabras; inversiones en las sílabas compuestas o inversas; escritura confusa; agrupaciones y separaciones incorrectas.
Estas características se reflejan también en la escritura de los números, produciéndose inversiones de números de dos cifras, confusión de números de sonido semejante, etc.
A partir de los 9 años existe una continuidad de las características anteriores y aparecen otras como: dificultades para elaborar y estructurar las frases de forma correcta; dificultades para expresarse de forma adecuada; dificultades en el uso de los tiempos del verbo; pobreza de expresión oral; dificultad en las seriaciones; lectura mecánica; torpeza motriz en cuanto a la escritura; ortografía deficiente.
Ejercicios de Dislexia
Siguiendo la recomendación de Thomson, la recuperación de la dificultades disléxicas pasa por el sobreaprendizaje de la lectoescritura. Es decir, volver a aprender la lectoescritura, pero adaptándola a las características del niño, a su ritmo de aprendizaje, haciéndolas agradables, y sobre todo, propiciando el éxito.
Se puede utilizar, como material de apoyo, fichas de lateralidad, grafomotricidad, orientación espacial, etc., para trabajar determinados aspectos.
Hay que tener en cuenta una serie de aspectos, sobre todo en el aula, para que el tratamiento sea realmente efectivo:
- El niño disléxico debe recibir una atención individualizada (no individual). Es decir, no se trata de aislar al niño, de separarle de los demás, de asignarle tareas distintas del resto de compañeros, sino de adaptar la enseñanza a su ritmo de aprendizaje y a sus capacidades, evaluarle con respecto a sus propios esfuerzos y logros, etc.
- Es necesario asegurarse de que entiende las tareas, ya que a menudo le cuesta entenderlas y las realiza mal, no porque no sepa hacerlas, sino porque no ha entendido las "instrucciones".
- Sus problemas de distracción y memoria a corto plazo, nos recuerda que debemos repetirle la información nueva más de una vez, y relacionar los conceptos nuevos con la experiencia anterior.
- Puede necesitar a alguien que le lea el material de estudio y los exámenes.
- Si es necesario, se puede sustituir los exámenes escritos por exámenes orales.
- Es muy importante encontrar algún aspecto en el que el niño sea realmente bueno y desarrollar las actividades y tareas en relación a este. De este modo, se potenciará su autoestima mediante el éxito obtenido.
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